sábado, 25 de febrero de 2012

BIOÉTICA Y ACCIÓN SOCIAL CÓMO AFRONTAR LOS CONFLICTOS ÉTICOS EN LA INTERVENCIÓN SOCIAL BIOÉTICA Y ACCIÓN SOCIAL CÓMO AFRONTAR LOS CONFLICTOS ÉTICOS E

CAPÍTULO I: LA ÉTICA EN EL MARCO DE LA SOLIDARIDAD

1. QUÉ ES ÉTICA
La palabra ética proviene del griego ethos que significa carácter, modo de ser una persona desde el punto de vista de los hábitos morales que la caracterizan. Todo lo contrario a lo que nos ha sido dado por naturaleza.
La ética tiene que ver con el ámbito de la libertad, de la autonomía humana del propio proyecto de vida personal. Es la parte de la filosofía que reflexiona sobre las cosas que hacemos, sobre su fundamentación y sobre los valores que nos damos.
Por otro lado, está la moral, que significa costumbres, y llega a ser utilizada en el lugar de ética en muchos momentos. En cambio, se refiere a la doctrina práctica que ordena comportamientos concretos.

2. ALGUNAS CLAVES DE LA ÉTICA EN EL MARCO DE LA SOLIDARIDAD
Actualmente, existe una desvalorización del deber, una pérdida del deber como mecanismo por el cual nos movemos. En el proyecto de los seres humanos, la felicidad ocupa un lugar principal. No imaginamos una vida sin valores, tampoco sin la apuesta por la felicidad.
Según Diego Gracia, la felicidad del hombre es su único deber absoluto.
La felicidad y la ética no son caminos contrapuestos, más bien al contrario: la realización del ser humano en plenitud es ser feliz y la formulación en clave ética del propio proyecto vital puede ser el camino para alcanzar esta plenitud.
Tratar la ética es tratar un bien común. Hoy día es más crucial que en ningún otro momento de la historia dar impulso a la dimensión global de la ética o promover una ética global y que se tenga en cuenta al ser humano como ser responsable que no puede eludir la responsabilidad e relación a otros.
Hans Jonas aclara que: el prototipo de responsabilidad es la responsabilidad del hombre por el hombre. Existe la necesidad de abrir el camino de la construcción comunitaria desde una bioética global en que lo social, adquiera una relevancia fundamental.
Construir nuestra felicidad como aquello donde lo individual es imposible desligarlo de lo colectivo y donde la felicidad personal pasa necesariamente por el compromiso social para construir el proyecto de felicidad ciudadano y universal.
Para abordar el fecundo diálogo entre la bioética y acción social, partimos de la conexión hombres y mujeres que desean construir un mundo mejor a partir de la solidaridad y la religación universal. La inquietud que nos mueve es humaniza la bioética desde las interconexiones, recorrerlas, profundizarlas y nacer de nuevo en el vínculo entre felicidad y ética, entre ética mundial y reconstrucción de la familia humana, entre comunidad y acción social.
La ética de la responsabilidad se contrapone a la ética de la convicción. Entonces, la ética de la responsabilidad basa su racionalidad en buscar fines racionales con medios adecuados, mientras que la ética de la convicción está dirigida por valores.
Si entendemos la solidaridad como contracultura, se convierte en la esperanza que nos hace buscar un nuevo pacto ético para la humanidad, situando a las personas excluídas en el centro de la práctica social y estableciendo con ellas una relación de reciprocidad.
Luis de Sebastián comenta que la solidaridad nos obliga desde la propia condición humana, que supone compartir este planeta y sobrevivir juntos, procurando mejorar las condiciones de vida de todos, especialmente de los más débiles.
Para concluir, se puede decir que la solidaridad nacida del compromiso del ser humano con el ser humana, nos remonta a la propia dignidad y a lo que es inherente a la condición humana.

3. ÉTICA Y ACCIÓN SOCIAL
La acción social es aquella intervención organizada en vistas a modificar el medio social y mejorar las condiciones de vida que resultan perjudiciales para determinados grupos humanos y que se distingue de la acción benéfica o asistencial.
Apuesta por la promoción de la persona, considerándola como sujeto de su propio desarrollo con capacidad para salir de la situación de vulnerabilidad o exclusión en que se encuentran.
La acción social tiene como objetivo realizar un verdadero desarrollo comunitario, desde la organización y participación de la comunidad en pequeños grupos y asociaciones, desde un talante educativo y generador de una conciencia crítica y apostando por ser red, es decir, dando lugar a espacios de intercambio y de comunicación. Este es el modo en que el desarrollo comunitario consigue la transformación social.
Siguiendo la ética, cuando transcendemos nuestro papel de agentes sociales y nos convertimos en acompañantes, la perspectiva es educativa: la de compañeros de viajes, más que salvadores de nadie.
En la acción social hemos rescatado el influjo de la psicología humanista y proponemos la relación de ayuda como metodología del acompañante-agente social.
Así, el agente social no queda fuera del proceso de atender, asistir, intervenir. El agente social se cuestiona sus motivaciones y profundiza en la búsqueda de la autenticidad. El agente social no permanece impasible en la acción, sino que es el sanador herido que no se despoja de su condición humana, en la que lleva consigo carencias y posibilidades.

CAPÍTULO 2: DELIBERACIÓN MORAL EN LA INTERVENCIÓN

INTRODUCCIÓN
Nos adentramos en el mundo de la deliberación, del discernimiento moral aplicado a la acción social.
La primera parte de este capítulo trata de aplicar los principios de la bioética a la intervención social, utilizando para ello ejemplos concretos.
Después pasaremos a aplicar el método de la deliberación moral, formulado por Diego Gracia a una intervención concreta de la acción social.
1. LOS PRINCIPIOS DE LA BIOÉTICA EN LA ACCIÓN
1. Los principios.
El informe de la Comisión constituida para definir algunos principios de la Bioética, conocido como “Informe Belmont” (1975) identifico tres principios fundamentales:
1. Respeto por las personas.
2. Beneficencia.
3. Justicia.
Se hace relación entre los tres grandes principios y los prtagonistas y los protagonistas de la vida profesional, de manera que el principio de beneficiencia corresponde al experto, el principio de autonomía al cliente, y el principio de justicia se relaciona con la sociedad.

1.1. El principio de respeto de la autonomía, o principio de respeto a las decisiones autónomas.
Capacidad de autogobernarse que tienen las personas, libres tanto de influencias externas. Este principio obliga a respetar la libertad y los valores del ayudado y a no imponer las propias decisiones. Hablar de autonomía es tomar en cuenta  dos condiciones esenciales: a) la libertad, b) ser agente.
Beauchamp y Childress hablan de las acciones autónomas, las cuales se definen en función de los agentes que actúan.
El principio de respeto a la autonomía también implica en positivo; es decir el principio nos obliga a asumir el derecho de laspersonas a tener opiniones propias, a elegir y realizar acciones basadas tanto en los valores como en las creencias personales.
Como refiere F. J. Bermejo, el respeto a la autonomía de la persona con la que establecemos la relación profesional no puede ser entendido como dejación de responsabilidad por parte del agente, sino que constituye un valor en sí mismo y supone, además, que el protagonista en cuestión tiene el derecho y la obligación de colaborar en la resolución de sus propios problemas.

1.1.1. Caso práctico: “Con Juan en la sede de Cáritas”.
El encuentro se produce en la sede de Cáritas Diocesana por casualidad; es decir, se trata de un encuentro imprevisto, no forma parte del trabajo habitual y se produce en el pasillo. El protagonista del mismo es un hombre mayor, desconocido para mí y que llega a la casa, un tanto perdido, buscando a otra persona. La relación tiene dos momentos, entre los que media una salida de la persona adonde yo le indico un regreso en el que por fin presto más atención. Mi objetivo es orientarle, porque hay jaleo en la recepción, y este hombre va por el pasillo intentando preguntar. El encuentro se produce el 21 de diciembre de 2001, a las 13,00h. y dura aproximadamente 30 min.

1.1.2. Algunas reflexiones e interrogantes desde el respeto al principio de autonomía en la intervención social.
Las personas que atendemos, a las que consideramos destinatarias de nuestra acción social, valoran en muchos casos la libertad y el derecho de autogobernarse con el bien más preciado, el único que poseen y no se les puede arrebatar. Cuando necesitan ayuda, la intervención, que trata de respetar la capacidad de gestionar su vida se realiza a través del recurso que les podemos ofrecer: a menudo, un centro en el que hay determinadas normas, en el que la entrada y la salida no son libres, y en el que se le ayuda a tramitar lo que necesiten, teniendo en cuenta que la persona puede experimentar una cierta pérdida de libertad.
El principio de no malenficencia se refiere a los daños atribuibles a la voluntad humana y que implican una violación de los legítimos derechos e intereses de una persona; por tanto, no puede referirse a una enfermedad o catástrofe, así hablaremos de “no lesión” o no “agresión”.
Por último, Beauchamp y Childress recogen el criterio de cuidado debido, como una especificación del principio de no malenficiencia en el caso de exposición de riesgo.

1.2.1. Caso práctico: “Entre la espada y la pared”. ¿Cuál es la decisión más adecuada para el agente social?
Mujer latinoamericana de mediana edad que viene al centro acompañada de un hombre que se la encontró en un banco llorando desolada.
En principio se muestra cerrada y no comenta nada, después poco a poco animándola comienza a contar su problemática.
Vino a España con la esperanza de encontrar trabajo y mandarlo a su país para su familia, viene con una prima residiendo con la pareja de esta.
La pareja de prima las induce a trabajar en una casa de prostitución, nunca hubiera pensado que lo que iba a desempeñar aquí era eso, y más con su experiencia y formación en trabajos administrativos.
Ella iba a acudir a Cáritas Parroquial, donde planteraría su necesidad de encontrar empleo. El caso se solucionó felizmente y en pocos días esta mujer salió de la ciudad para ir a trabajar a otra localidad.

1.2.2. Algunas reflexiones e interrogaciones desde el respeto al principio de no maleficiencia en la intervención social.
En la acción social nos encontramos con situaciones en las que disponemos de informaciones que permiten si se gestiona adecuadamente, evitar un daño, como puede ser el maltrato, el tráfico de de drogas, la prostitución, la trasmisión de enfermedades…
Nos encontramos con un ámbito de confidencialidad privilegiado, si se actua con la debilidad habilidad relacionada.
¿Qué hacer cuando se dispone de una formación que puede evitar un daño y que, si no se pone en conocimiento de quien corresponda, puede conducir a la muerte o al maltrato?
¿Qué nos exige la ley cuando estamos en una situación en la que hay un peligro para la salud pública o se trata de un delito denunciable?
¿Podemos en algún caso actuar por encima o más allá de la ley? ¿Están legisladas todas las situaciones?

1.3. EL PRINCIPIO DE BENEFICIENCIA.
Significa: “hacer el bien”, la beneficencia nos exige realizar actos positivos para promover el bien y la realización de los demás, más allá de no hacerles daño y respetar sus decisiones autónomas.
Beauchamp y Childress examinan dos principios bajos el título de beneficencia: el principio de la beneficencia positiva, que nos obliga a actuar benéficamente a favor de los demás, y el principio de utilidad, que son los beneficios y los inconvenientes, teniendo que estar equilibrados.
Estos autores describen los actos supererogatorios como aquellos que están por encima de las obligaciones morales y que se realizan en función de los ideales personales.
Así, proteger y defender los derechos del otro, prevenir que suceda un daño, suprimir las condiciones que pueden causar perjuicio a otros, ayudar a las personas con discapacidades o rescatar a las personas en peligro, son reglas de la beneficencia.
¿Cuáles serán, entonces, las diferencias entre beneficencia y no maleficencia? En un principio de no maleficencia se prohíbe hacer el mal universalmente, es decir, no podemos hacer el mal intencionadamente a nadie, nunca. Sin embargo, sería imposible actuar beneficentemente para todas las personas y en todos los casos.
La beneficencia específica se dirige a grupos específicos. Es la que surge desde un padre a un hijo o desde el médico al paciente. Por otra parte, la beneficencia general es mucho más exigente, ya que obliga a actuar imparcialmente para promover los intereses de las personas, más allá, de las relaciones que existan entre ellas.
La beneficencia hacia una persona consiste en:
-Qué esté expuesto al riesgo o pérdida significativa o de un perjuicio para su vida y salud o para algún otro tipo de interés principal.
- Qué la acción de beneficencia sea necesaria (sola o junto a otras) para prevenir esta pérdida o perjuicio. - Que la acción de beneficencia (sola o junto a otras) tenga una alta probabilidad de prevenirlo.
-Que la acción de beneficencia no represente riesgos, costes o cargas significativas para la persona.
-Que el beneficio que se puede esperar obtener supere cualquier perjuicio, coste o carga en la que es probable que se caiga.
El síndrome de burn-out que se produce cuando el agente, afanado en buscar el bien ajeno, “se quema”, es decir, acusa dolencias físicas y psicológicas producto de su acción.

1.3.1. Caso práctico: “El abuelo Pepe”
Este caso narra la vida de un abuelo que llega a un centro de personas mayores, y desde la otra punta del país su hermano lo busca, aun habiendo estado alejado de este muchísimos años.
El abuelo Pepe no sabe de su existencia y son las personas que en este momento lo rodean las que deben tomar una decisión acerca de sí decirle o no al abuelo esto, o qué y cómo actuar, entrando así en un conflicto interno acerca de qué será lo correcto.

1.3.2. Algunas reflexiones e interrogantes desde el respeto al principio de beneficencia en la intervención social.
Nuestra profesionalidad como agentes sociales nos exige descubrir todas las posibilidades en la búsqueda del bien ajeno, antes de tomar una decisión que puede cambiar la vida de los otros. La búsqueda del bien pasa, indudablemente, por respetar ante todo la autonomía de las personas.
Centrándonos en la persona y aportando por ella, es importante no perder de vista la objetividad y actual como requiere nuestra ética profesional.
¿Podemos omitir información por lo que entendemos como un bien mayor?, ¿nos atribuimos demasiada autoridad sobre las personas al actuar movidos por el principio de beneficencia, clásico de las organizaciones socio-caritativas?

1.4. EL PRINCIPIO DE JUSTICIA.
El principio de justicia tiene que ver con el trato igualitario, equitativo y adecuado a la luz de lo que se debe a las personas o es propiedad de ellas.
La injusticia supone quitar a alguien aquello que le era debido, que le correspondía como suyo, bien sea porque se le ha negado su derecho o porque la distribución de cargas no ha sido equitativa.
Una injusticia, por tanto, será un acto erróneo o una omisión que niega a las personas aquellos beneficios que le corresponden, o que no acierta en la distribución de las cargas.
En el fondo, el acto de justicia es universal y tiene su origen en el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano, prescindiendo de consideraciones de raza, sexo, edad, de condición económica, política o social y de sistema de creencias. Obliga a todo ser humano a hacer lo más justo, más allá de que la ley o las convenciones sociales lo aprueben o desaprueben.
La justicia es, pues, la medida de la justificación de unas mínimas reglas de convivencia y moralidad, o mejor, trata de obligaciones y responsabilidades que tenemos uno para con otros en orden a construir una buena comunidad.
Beauchamp y Childress hablan de una acción justa como aquella que cuentan con los siguientes principios:
- A cada persona se da una parte por igual.
- A cada persona, de acuerdo con sus necesidades.
- A cada persona, de acuerdo con su esfuerzo.
- A cada persona, de acuerdo con su contribución.
- A cada persona, de acuerdo con sus méritos.
- A cada persona, de acuerdo con los intercambios del libre mercado.
En la acción social es especialmente llamativo el principio de necesidad, que supone tener en cuenta las necesidades fundamentales de las personas.
¿Cuáles son?, “allí donde se percibe la extremada vulnerabilidad de algunos grupos a daños de diversa índole, el deber ser que implica la obligación de satisfacer las necesidades parece habitualmente derivarse de alguna manera del ser de las necesidades mismas”.
Por otra parte, hemos de considerar a quienes dicen que hablar de bioética es un lujo que sólo pueden permitirse los países desarrollados, ya que sólo se plantean cuestiones como el encarnizamiento terapéutico o la investigación con células madre.
Se tienen cubiertas las necesidades más básicas, y el ser humano parece querer dominar los límites de la existencia. Parecería que en el primer mundo nos hubiéramos olvidado del principio de justicia en sentido global, y la bioética se hubiera centrado en los problemas sanitarios que tiene que ver con el principio y final de la vida.

1.4.1. Caso práctico: La historia de Carmen y Luis.
Trata sobre un matrimonio que vive en la calle, en un portal. Este matrimonio no tiene principios económicos como para poder vivir en una casa propia y tampoco tienen un puesto de trabajo para subsistir.

1.4.2. Algunas reflexiones e interrogantes desde el respeto al principio de justicia en la intervención social.
¿Es deber público atender a los más pobres?, ¿debemos presionar a las organizaciones sociales para que sea un derecho exigible por el Estado la atención a este grupo de personas?...
En las propias organizaciones llamadas “no gubernamentales”, nos planteamos cómo podemos seguir siendo fieles al principio de justicia sin fomentar por un lado lo que criticamos por otro.
En nuestra consideración, la fidelidad al principio de justicia en las ONGs que se dedican a la Acción Social obliga a mantener la reflexión abierta, sin olvidar la acción, sabiendo que la acción es lo que da la credibilidad necesaria, y al mismo tiempo generando ámbitos de pensamiento, reflexión y autocrítica.
Es importante, mantener cierta tensión a través de los interrogantes. Tensión que posibilite el cambio en el momento oportuno en la propia organización, en sus relaciones con la “cosa pública”.
Mantener esta tensión nos ayuda a no perder la referencia de la justicia a la que decimos servir.

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